Con el Festival Fusiones Contemporáneas, el Centro Cultural Peruano Británico nos ofrece una interesante alternativa: la oportunidad de apreciar un teatro distinto al tradicional. Y es justamente en el marco de este evento que se presentó El Viaje, obra ideada por Marisol Palacios, escrita por Mariana de Althaus, y protagonizada por Melania Urbina y Vanessa Saba.En el montaje, el lenguaje verbal y corporal no nos remite necesariamente a la explicación de un argumento lineal y coherente; sino que el habla y el movimiento son acciones que encierran un significado en sí mismas: son actos fragmentarios, vagos, incompletos; pero propios y, por tanto, fieles y honestos, despojados de toda la parafernalia que adorna un discurso explícito hecho para el Otro. En El Viaje las protagonistas hablan entre sí pero, sobre todo, hablan para sí mismas.
La dupla Urbina-Saba se muestra afianzada en la interpretación. Los diálogos se complementan cabalmente y las actuaciones transcurren con fluidez. Sin embargo hay un elemento que rompe la armonía de las performances: la música. Esta se presenta estridente y fuera de lugar respecto al acontecer de las representaciones. Pero si ese es un defecto técnico que le resta algo a la puesta, por otro lado tenemos un acierto de la misma naturaleza: los efectos visuales que se logran a través de un juego de tules delante o detrás de las protagonistas le otorgan al público distintos planos de percepción.
Es en este escenario de artificios donde ambas hacen sus maletas. Cada una acusa un motivo distinto que las empuja a emprender el viaje, pero a la vez, ese viaje tiene el mismo significado esencial para las dos: la travesía es un símbolo de escape, de evasión. El viaje pues, tendría que liberarlas de sus tormentosos problemas existenciales, pero los conflictos no respetan las distancias geográficas y las persiguen adonde van. El Viaje, en ese sentido, es un ir y venir en círculo, llegando siempre a desesperar a ilusas protagonistas que una y otra vez vuelven sobre sus problemas, reclaman, recuerdan, lloran y se lamentan.
Respecto al último punto, cabe aclarar que ese retorno al principio, ese repetir de algunos diálogos y la misma expresión de abatimiento hacen que la obra corra el riesgo de mostrarse plana, uniforme y predecible ante el público. Pero el riesgo no es muy alto si consideramos que aunque los diálogos empiecen a volver sobre sí, la dinámica con la que ocurren las acciones va creciendo y adquiriendo cada vez mayor presencia a lo largo de la puesta: finalmente, la forma se impone ante el fondo.
En suma, El Viaje cuenta con dos actrices de primera que dan la talla en todo momento; con un ritmo trepidante, reflexiones inteligentes, imágenes logradas y una propuesta tan válida como arriesgada.
Comentario aparecido originalmente en la columna Desde el Palco, del diario Expreso.







